Quedarse en casa aumenta la vulnerabilidad de las familias que viven sin acceso al agua y en hacinamiento y ha incrementado la carga de trabajo doméstico y de cuidado de las mujeres. El confinamiento exacerba la violencia doméstica contra mujeres e infantes y oculta el hecho de que más mujeres estamos muriendo a causa de la violencia feminicida que debido a la COVID-19.