Violencia letal de mujeres: un reto urgente para los estados del Triángulo Norte en Centro América

Casi siete mil mujeres fueron víctimas de violencia letal entre 2014 y 2018 en El Salvador, Guatemala y Honduras, los tres países que conforman
el llamado Triángulo Norte de Centro América, (TNCA). El incremento de estas muertes violentas se ha sostenido en el tiempo; son feminicidios que se caracterizan por el uso de más de un arma de fuego o cortopunzante, una gran carga de misoginia, saña, torturas, todo tipo de vejámenes y violencia sexual.  Estos son parte de los hallazgos de la investigación Situación de violencia letal contra las mujeres en El Salvador, Guatemala y Honduras realizada por La Colectiva Feminista y la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del aborto de El Salvador.

Con esta realidad que supera cualquier impacto que los datos puedan tener, el TNCA se coloca en el primer lugar de los lugares más peligrosos para las mujeres a nivel mundial, según el Small Arms Survey del 2016, con el agravante que es la casa el lugar donde más se comete este delito y a manos de hombres cercanos a las mujeres asesinadas.

A pesar que estos tres países cuentan con legislaciones que denotan un avance en la identificación del problema, cuentan con aparatos judiciales y tribunales especializados, lo mismo que protocolos diseñados, hace falta implementarlos y destinar fondos que respondan a la dimensión del problema, comentó Rina María Montti Velasco del equipo de investigación. 

En los juzgados y unidades especializadas se encontraron con funcionarias y funcionarios que ni siquiera accedieron a brindar entrevistas para las indagaciones de esta investigación, comentó Rina María, pero también pudieron identificar que existe personal preocupado por esta situación de violencia contra las mujeres. La dificultad es que gran parte de este personal judicial “No está especializado para poder hacer un análisis con enfoque de género o hacer las diligencias necesarias para salir de las categorías tradicionales como una muerte provocada por un tema pasional, por celos o casos que son catalogados como muerte  por pandillas sin hacer ninguna investigación, solo porque la mujer tenía un tatuaje o estaba en una zona caliente de pandillas”, dijo la investigadora.

Hay pasos importantes en los compromisos internacionales suscritos por estos países y en las legislaciones nacionales que, aunque no coinciden en la terminología penal de femicidio y/o femicidio, sí dejan  sentado su rechazo, la sanción y sus obligaciones para prevenir esta expresión de odio contra las mujeres y el continuum de violencia, pero hace falta implementar estas medidas y destinar fondos que respondan a la dimensión del problema.

En El Salvador, un total de 2,134 mujeres de diversas zonas del país fueron asesinadas del 2014 al primer semestre del 2018, el 46% de ellas tenían 29 años o menos. Existen reportes de ataques con productos químicos, agresiones sexuales, tortura y mutilación, todo previo a su ejecución subraya el informe del estudio. Esta saña busca no solo arrebatarle la vida, sino dejar un registro del daño efectuado haciendo notar la violencia simbólica cometida en sintonía con la cultura patriarcal salvadoreña que impone la sumisión de la mujer hacia su pareja y un rol instrumental y deshumanizante de ellas dentro de los grupos de crimen organizado y las maras.

En Guatemala de las 2,755 mujeres asesinadas en el periodo investigado, 5 de cada 10 eran jóvenes entre los 18 a 35 años de edad, una etapa de vida donde las mujeres representan un importante sustento económico para sus familias y país. El 12% eran niñas y adolescentes que no fueron exentas de la misoginia y de un absoluto desprecio e irrespeto a sus cuerpos. Hay registros que muchos cuerpos de las mujeres asesinadas fueron encontrados con notas obscenas, presentaban destrucción de sus tejidos vaginales y mutilación. Los registros oficiales indican que estos crímenes se dan “por venganza” resumiendo de una manera simplista todo un sistema misógino y patriarcal donde impera el sentimiento de posesión del hombre sobre su pareja y que avala ese castigo cuando la mujer decide terminar con ello. Esto se refleja y eleva hacia la impunidad institucional de un Estado que ha hecho poco o nada por romper estos esquemas, señala de manera contundente el informe de investigación.  

En Honduras es similar el grupo de edades de las mujeres asesinadas,
de 2,047 casi el 53%  eran jóvenes entre los 18 a 30 años. La violencia sexual fue el preámbulo para poner fin a sus vidas de múltiples maneras, todas ellas con odio y saña. La impunidad estatal campea en el sistema judicial, denuncian defensoras de derechos humanos entrevistadas y aunque la población denuncia,  la estructura patriarcal de su sociedad perpetúa relaciones de poder donde la negativa de la mujer a seguir siendo sometida lo paga con su vida. La violencia de las pandillas es otro factor que afecta directamente en los altos índices de feminicidio al utilizar a las mujeres como herramientas dentro de las estructuras de crimen organizado.

En El Salvador el año pasado se registraron 385 feminicidios de estos solo 9  han sido judicializados, mientras, públicamente, un magistrado justifica con el consumo del alcohol la violación sexual a una niña. “Nuestro sistema judicial en el tratamiento de la violencia contra las mujeres está diciendo ‘la vida de las mujeres no vale nada’ y necesitamos exigir otro tipo de respuesta”, señaló Morena Herrera, integrante de la Colectiva Feminista al comentar la investigación.

“Las manifestaciones de ensañamiento que describe el estudio no son únicamente contra la mujer asesinada, sino también son parte de los mensajes masculinos de ‘Yo puedo hacerlo´, el cuerpo de las mujeres se convierte en el texto de los mensajes de poder entre hombres”, reflexionó Morena. “Es importante que seamos capaces de parar estas conductas violentas y en eso, tanto el Estado, como hombres y mujeres tenemos responsabilidad, concluyó.

La realización de esta investigación contó con el apoyo de la Fundación Heinrich Bὃll y la Universidad Nacional de El Salvador y fue presentada dentro de la Jornada para conmemorar el 8 de marzo: Día Internacional de las mujeres.

Aquí puede ver el informe completo de la investigación http://sv.boell.org/es/node/379 

Por Vanessa Cortez Bonilla